
ENTREVISTAS
«Andreu Sotorra: "Siempre he pensado que los premios
son un recurso, no un objetivo"»
- Primeras Noticias
- Entrevista de Elisabet Marco
- Nº. 194 / 2003
- El periodista catalán Andreu Sotorra es el ganador del Premio Edebé en su modalidad de literatura infantil. Su obra, Kor de Parallamps, ha sido premiada por su calidad literaria, la originalidad del tema tratado y su adecuación a los intereses de los jóvenes lectores. Andreu Sotorra con Kor de Parallamps es el ganador de la XI edición del Premio Edebé en su modalidad de literatura infantil. Este periodista ha publicado veinticinco libros en lengua catalana (la mayoría de novela breve y cuentos), y alguno de ellos se reeditan constantemente. Ha obtenido una veintena de premios literarios de narrativa corta y novela, y su obra ha sido traducida al italiano, al castellano, al gallego y el vasco. Precisamente, uno de los motivos que llevó a Andreu Sotorra a presentarse al Premio Edebé fue la posibilidad que ofrecía este galardón de publicar las obras vencedoras en todas las lenguas del Estado, además de en braille, tal y como comenta en la siguiente entrevista concedida a nuestra revista.
- ¿Qué recuerdos tiene de su niñez?
- Soy aún de una generación de barrio popular, de calles sin adoquinar, de juegos en la calle, de primeras experiencias de descubrimiento entre diferentes clases sociales. Todo esto, en una ciudad pequeñoburguesa, de sesenta mil habitantes, en la década de los cincuenta, con una clara diferenciación entre la clase alta y la media, com comerciantes y tenderos, pero también con payeses y obreros que se lanzaban sin saberlo al consumismo de los sesenta y se prepara para la invasión industrial y turística de los setenta, creando un cóctel enriquecedor, nada monótono, mucho más vivo que el ritmo estructurante de una gran ciudad que he encontrado, ya mayor, en Barcelona. Hoy, en el barrio de Reus donde nací, hay inmigrantes de todas partes que conviven con antiguos vecinos inalterables al tiempo. En Barcelona, vivo en el Raval, también en una mezcla de culturas extraordinaria. El cóctel continua.
- ¿Qué lecturas tiene más presentes cuando piensa en su infancia y juventud?
- Como no existía la televisión, la ventana abierta al mundo era la radio y los libros. La radio era para mí una pasión hasta el punto de construirme un estudio de juguete en casa donde hacía programas por mi cuenta que solamente escuchaba yo, claro. Sin embargo, los libros eran más difíciles de conseguir porque no era un tiempo de programas bibliotecarios ni áreas especializadas como lo es ahora para lectores jóvenes. Esto me salvó. Mis primeras lecturas fueron libros que hoy quizás no osaríamos hacer leer a los jóvenes: Terra baixa, por ejemplo, de Àngel Guimerà; o La família Rouquier, de Xavier Benguerel; o Terres de l'Ebre, de Sebastià J. Arbó. Es decir, sin saberlo, y lo he descubierto más tarde, inmigración, tradición obrera y tradición payesa. Casi los pilares que sustentan el sistema actual. Despues tuve acceso a Jules Verne, jack London o Robert Louis Stevenson... pero me interesaron mucho más las lecturas anteriores de autores y temas considerados para adultos. Por eso, seguramente, a los trece o catorce años escribí una primera novela, no publicada jamás, y que guardo como un material arqueológico.
- ¿Estas lecturas han influenciado en su obra literaria? ¿De qué forma?
- Tampoco me atreviría a decir que hayan influenciado tanto a la hora de escribir ya para circuitos maduros. Despues de las primeras lecturas de infancia o adolescente, me convierto en un lector anárquico y empedernido de todos los autores y géneros que me caen en las manos. Cuando no sé bien por dónde encaminar mis pasos, a la hora de escribir, alzo la vista a la biblioteca que ya tiene unos diez millares de libros y pienso que todo está dicho y que nunca sabremos quién nos ha influenciado de verdad.
- ¿Qué es lo que más le apasiona de su trabajo com escritor? ¿Y lo que menos le gusta?
- Me parece que lo que más compensa es la libertad personal que tienes, no solamente de horarios, sino de no estar sujeto a nóminas, que son la madriguera del vicio de las hipotecas y el ensoñamiento que proporciona la comodidad y la nombrada seguridad. La creación de mundos rellenos de personajes que haces tuyos es otra vitamina muy saludable. Lo que menos me satisface del oficio de escritor es: por una parte, el poco proceso profesional que ha hecho el conjunto y, por la otra, la idiotización en que se ha convertido la promoción de un autor/a o de una obra a través de la máquina publicitaria, al margen de la calidad de un libro.
- Usted ha desarrollado su actividad profesional como periodista, maestro, comentarista, guionista de radio, coordinador editorial, etc. ¿Cuándo nació su vocación por la literatura?
- Desde siempre. Tengo la sensación que desde que tengo uso de razón que escribo. Mucho antes de hacer la primera novela a los trece o catorce años, ya escribía en revistas escolares y me pasaba algún verano realizando una especie de reportaje de calles o edificios emblemáticos que recorría solo. Hoy, esto es impensable para un adolescente sometido a todo lo que le ofrece la sociedad del pretendido bienestar.
- ¿Cómo fueron sus inicios en el mundo de la literatura infantil y juvenil?
- Por casualidad. En realidad, los primeros premios que tuve la suerte de ganar fueron con narraciones para un público general. Pero un premio de novela juvenil (el Joaquim Ruyra) abría una puerta a una temática más compleja que la infantil. El hecho de ganar este premio me hizo entrar en el circuito de publicaciones dirigidas especialmente a niños y jóvenes. Sin embargo, en alguna ocasión, he publicado alguna novela que en su momento fue un premio para adultos y que ahora se encuentra en una colección para jóvenes, como el último libro reeditado recientemente, ¿On és Berna, Ilse? (Edicions Proa - La Galera), que hace veinte años ganó el premio Joan Santamaria, por donde habían pasado antes autores como Mercè Rodoreda o Manuel de Pedrolo. Hoy está en una colección para adolescentes y casi sin haber retocado nada del texto original.
- Por su experiencia en el mundo de la educación, ¿está usted a favor o en contra de las lecturas obligatorias¿ ¿Por qué?
- Cualquier método para fomentar la lectura que funcione es bueno. En este país tenemos una deuda inmensa con los maestros que han hecho una faena admirable para la lectura y para los autores. Cuando el sistema falla, es cuando se burocratiza y lo quiere dominar la administración. Cada maestro sabe que alumnos tiene. Y qué les puede dar. Hace falta un margen de libertad para los profesores. Pero, por otra parte, si es obligatorio aprender a hacer sumas y restas, o a desmenuzar un pollo, o a plantar rábanos, o a visitar un museo de arte, no sé por qué no lo tiene que ser el conocer buenos autores y buenas obras literarias. ¿Es que por visitar un museo se aborrecen las artes plásticas? Todo depende de cómo se hace la visita.
- En su opinión, ¿existe actualmente una buena literatura dirigida a jóvenes lectores?
- Claro que sí. Pero es muy difícil escoger. El exceso de edición ha colapsado absolutamente la capacidad de hacer un seguimiento bien hecho de todo lo que se publica. Y, por el mal camino, se pierden muy buenas obras que pasan por alto, por culpa de una falta de promoción, de tiempo para leerlas, de contrastar criterios. Los más espabilados, que se han dado cuenta del desorden reinante, han comenzado a prefabricar literatura porque saben que nadie les controla. Y se ha generado una mala fama que hace daño al conjunto.
- Usted ha sido el primer autor que ha escrito una novela on line, en lengua catalana, a tiempo real. ¿Cómo surgió este proyecto?
- Hace cinco años, Internet aún era un medio apasionante y desconocido. Hoy, cuando oigo hablar de nuevas tecnologias en relación a Internet, me cogen ganas de reir. ¡Ya no es una nueva tecnología! Los pequeños de cualquier casa tienen correo electrónico, navegan y se mueven por Internet como yo lo hacía por las calles del barrio. En cinco años, Internet ha evolucionado como si hubieran pasado cincuenta. Entonces, entre la Noche de Navidad y la Noche de Fin de Año de 1999 a 2000, me propuse demostrarme y demostrar a quien quisiera verlo, cuáles eran las posibilidades que ofrecía Internet a los escritores. La experiencia fue muy positiva. Me encerré en el Refugio La Vinyeta, de Duesaigües, donde siempre escribo. Tuvo un gran impacto en la prensa, que no me esperaba. Pero estoy seguro que si hoy repitiera la experiencia, nadie me haría caso. Ahora, la novela sigue en la red y tiene un ritmo gradual de lectura que no se ha detenido. Es un pequeño regalo que hice a los lectores porque hacía 25 años que publicaba, yo cumplía cincuenta, y convencionalmente traspasábamos el siglo. En conjunto permitía una diversión de este tipo.
- ¿El futuro de la literatura está en Internet?
- En este momento, diría que el futuro de cualquier disciplina está en Internet. No sabemos aún cómo acabará, pero ya no podemos dar marcha atrás. Ya es muchísima la gente incapaz de vivir sin correo electrónico y sin poder conectar cada día con sus páginas preferidas. No soy, de ninguna manera, ni un adicto ni un fanático, pero el medio siglo que he vivido, a mí me ha hecho viajar desde la pluma con tinta hasta los ordenadores, pero eso creo que Internet es un medio más del que no nos podemos permitir el lujo de prescindir. Sólo hace falta que las infraestructuras técnicas mejoren, que los gobernantes crean en ello y que se dedique tanto dinero como se malgasta inconscientemente para hacer una guerra. Internet es progreso de verdad porque une culturas, democratiza y nos hace universales. Claro que esto da miedo a los que siempre se piensan que pueden tener la sartén por el mango. Por otra parte, Internet no hará desaparecer el libro, pero puede hacer compatible la literatura, de la misma forma que la ha asumido en su momento el cine o la televisión a través del guionaje.
- En el último año ha ganado el Premio Edebé con la obra Kor de Parallamps. ¿Cómo surgió la idea de presentar esta obra al concurso?
- No acostumbro a escribir pensando en un premio. En este caso, pensé que el Premio Edebé ofrecía unas buenas condiciones editoriales y profesionales. Y así ha sido. La edición simultánea en las lenguas del Estado es una salida muy importante para cualquier autor y más para los que escribimos en una lengua minorizada. Estoy muy contento de las traducciones, de la castellana que firma el escritor Pau Joan Hernàndez, fiel y nítida, y que es la que he podido leer con más conciencia de conocimiento. Pero también he recibido buenas respuestas de las traducciones gallega y vasca, dos lenguas que a mi pensar no conozco lo suficiente. Por otra parte, Edebé ha trabajado la promoción a nivel de toto el Estado con intensidad y en colaboración con un buen equipo de profesionales. Esto, cuando hablamos de publicaciones infantiles y juveniles es un hecho insólito en nuestras latitudes.
- ¿Qué ha significado este galardón para usted?
- Sobre todo recuperar un hilo de publicaciones que había relajado por diferentes motivos en los últimos años. Y básicamente esta promoción añadida a lectores que para mí son nuevos, como el castellano, el gallego o el vasco. Curiosamente, hasta ahora, había traducido una novela mía al italiano, por iniciativa editorial. Pero no había tenido la oportunidad de hacerlo a las lenguas del Estado. Y he comprobado, en pocos meses, que hay un público lector que aprecia aquello que le das, si es una obra sincera.
- Hace 25 años ganó su primer premio literario. Desde entonces, su obra ha sido galardonada en más de una decena de ocasiones y, sin embargo, usted ha afirmado que no está demasiado a favor de los premios. ¿Por qué?
- Es verdad. Siempre he pensado que los premios son un recurso, no un objetivo. Un recurso para darte a conocer mejor, para publicar, para tener más promoción. Pero el abuso de premios y el montaje editorial que en muchos casos envuelve un premio ha generado desconfianza entre los lectores. Un premio debería servir para descubrir únicamente a autores nuevos. Pero es evidente que nos ha tocado una cultura en la cual siempre tenemos que volver a comenzar porque no se ha conseguido una situación de profesionalidad que permita a los autores más conocidos vivir permanentemente de su obra. Me gustaría poder vivir en un paraiso literario en el que las obras circulasen con toda normalidad del escritor al editor y al lector, sin montajes intermedios, sólo ganándote el pan con el sudor del ordenador.
- En Kor de Parallamps, la protagonista, una niña china de once años, explica un fragmento de su historia y presenta al lector algunas de las vidas que la rodean. ¿Cómo surgió la idea de escribir este libro? ¿Qué fue primero: historia o personajes?
- Quería reflejar un momento determinado de una niña que se encuentra en la frontera de la primera adolescencia. El hecho de optar por una niña china adoptada, es circunstancial. Creo que la historia funcionaría igualmente con cualquier otro personaje. A medida que avanzaba me di cuenta de que estaba haciendo una novela de enamoramiento y de desengaño. Porque si bien es importante aprender a enamorarse, aún lo es más aprender a desengañarse. Esto es lo que aprende la protagonista de Kor de Parallamps. Y lo hace en una salida atrevida y positiva. Es una novela mucho más extensa, pero quería concentrar toda la intensidad en una novela breve, que es lo que he acostumbrado a hacer en la mayoría de libros que he publicado. En broma he dicho estos días que Kor de Parallamps era una novela bonsai, breve, pero muy trabajada.
- ¿Tiene actualmente alguna obra en perspectiva?
- Soy incapaz de prever aquello que escribo y cuándo lo escribiré. Puedo estar muchos meses sin escribir, leyendo, viendo cine, yendo al teatro, visitando exposiciones, trabajando en el campo cultural que desarrollo dentro del periodismo, haciendo vida urbana en Barcelona. Para escribir literatura, en cambio, he de encerrarme en Duesaigües, un pueblo pequeño, del prelitoral mediterráneo, bajo el Castillo de Escornalbou, y cuando tengo un argumento claro me dedico intensamente a él, todas las horas. Siempre lo he hecho así. Por tanto soy imprevisible. Y esto me hace sufrir porque frecuentemente pienso que ya se ha acabado y que la fuente no volverá a manar nunca más. Pero confío que la necesidad de escribir, que no me ha abandonado nunca, sea como el río que se seca durante un tiempo y un día sube inesperadamente de nivel y lo inunda todo.
[Texto íntegro de la entrevista publicada en la revista Primeras Noticias.
Escrita por Elisabet Marco. Nº. 194 / 2003]
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