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Francesc-Marc Álvaro
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Huyendo de Mieras

FRANCESC-MARC ÁLVARO - 30/08/2005


Uno de los recreos políticos de este verano ha sido, en las sobremesas socialistas acariciadas por la brisa del Empordà federal, hacer apuestas sobre cuántos cargos más de su departamento haría saltar la consellera Caterina Mieras antes de Navidad. Es un asunto más divertido - y más seguro- que el nuevo Estatut. La alta cota de mortandad de cargos de confianza que puede exhibir la titular de Cultura la convierten en un personaje tan temido por sus próximos como falto de sintonía con aquellos que deben desarrollar directamente el programa cultural del Govern. Los últimos en expresar privadamente a Pasqual Maragall sus ganas de escapar de la cansina órbita de Mieras son precisamente dos hombres de total confianza presidencial, colocados en lugares estratégicos del maragallismo estético y cultural: Xavier Folch, director del Institut Ramon Llull, y Josep Maria Bricall, comisionado para el Consell de la Cultura i de les Arts, organismo que debía ser la niña de los ojos del president.

Ambos próceres han hecho saber que preferirían que sus respectivas áreas de actuación pudieran, mediante alguna fórmula administrativa, pasar a depender directamente de Presidència de la Generalitat en lugar de estar sujetas, como ahora, al organigrama de Cultura, donde la señora Mieras manda con formas rígidas de institutriz desconfiada y lega. Hay ironías agridulces de la existencia: Bricall se ha pasado media vida esperando el fin del pujolismo al fuego virtual del tarradellismo paliativo y, cuando le toca algo del reparto, el pobre se las tiene que ver con Mieras; por no decir de mi admirado Folch, cuyos años de esfuerzos en pro de la unidad de los hombres y mujeres de izquierda acaban cuajando en el desconcierto ante una responsable que parece propulsada al cargo por los peores enemigos de Maragall. Ya lo dijo aquel ex conseller: "En política nada es seguro y, además, hay que estar siempre a disposición".

En una situación normal, Mieras ya habría sido recambiada. Los atropellados avatares del tripartito en los casi dos años de legislatura que llevamos han apuntalado a este miembro del Govern y, metidos en la harina del Estatut, es improbable que el president monte ahora una crisis de su Gabinete para hacer éste y algún que otro retoque. Así las cosas, Maragall se irá tragando los ceses que Mieras vaya generando con su arte. También en otra situación, la mayoría de la intelectualidad catalana (siempre progresista, si nos fiamos de las firmas de apoyo en elecciones) ya habría denunciado airadamente el escándalo que significa la continuidad de esta consellera. Escándalo o chiste, vaya usted a saber.



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