recerques
CORELLA BALLET
Director d'escena: Ángel Corella
Amb Adiarys Almeida, Carmen Corella, Natalia Tapia, Ángel Corella, Herman Cornejo, Iain Mackay
Traje a medida

Ángel Corella ha vuelto con empuje a su nuevo encuentro con Catalunya. De lo visto en los últimos años, en sus visitas con el Corella Ballet Castilla y León, quizás sea en esta ocasión cuando ha bailado en mejor forma. Su corta intervención de siete minutos en la Soleá que María Pagés ha coreografiado para el bailarín y su hermana Carmen es un verdadero traje a medida. De entrada, a la medida emocional del magnífico dueto que consigue en esta breve pieza con Carmen Corella de pareja, ella con una elegancia y delicadeza aquí muy expresivas; pero, sobre todo, a la medida de las principales virtudes técnicas del bailarín, que la noche del sábado, en el teatro Tívoli, volvió a recordar a sus incondicionales de Barcelona lo que más atraía de él en sus mejores momentos, cuando nos había visitado en plena juventud, o sea, una velocidad y ligereza, una fuerza explosiva, un nervio y una seguridad en sus saltos y giros, que puso a parte del respetable en pie, arrancó muchos bravos y alargó los aplausos muy por encima de los dedicados antes y después al resto de la compañía. Se los merecía.

La coreografía de María Pagés es ciertamente una perita en dulce, pero tal como se le había visto las últimas ocasiones, técnicamente impecable pero ya sin esta fiereza juvenil, no habría conseguido levantar los ánimos de tal manera.

El resto, más o menos como las últimas veces, da noticia de la diversidad de registros hacia los que la compañía quiere extenderse desde el punto de partida del repertorio clásico y romántico, siempre más instalada en el entretenimiento de la exhibición que en su relectura. La Suite de Raymonda se movió estrictamente en este registro, de la misma forma que la coreografía de Christopher Wheeldon For 4 dio oportunidad a lances virtuosos de Kirill Radev, Yevgen Uzlenkov, Dayron Vera y un Aaron Robison impresionante en los saltos, que tanto aquí como en la coreografía final con música de Nyman se llevó los mayores aplausos. DGV: danse à grand vitesse tuvo un punto algo excesivo, con su minimalismo instalado en lo más álgido de continuos y permanentes clímax, sin posibilidad de desarrollos in crescendo, en tromba y realmente a muy grand vitesse. Quizás demasiada.


Joaquim Noguero
La Vanguardia 25/01/2011

Liceu bis

La danza clásica se abre vías en los teatros comerciales. En el estreno de la nueva visita a Barcelona del Corella Ballet Castilla y León, la platea del Coliseum parecía una sucursal de algunos abonos fijos del Liceu. Corella siempre ha satisfecho al público barcelonés, y el miércoles no fue una excepción. Se lució técnicamente junto a una delicada y expresiva Adiarys Almeida en el paso a dos Sattanela,de Petipa, y como en sus mejores tiempos se puso a encadenar como si nada piruetas, saltos y devoulés de fluidez vertiginosa; algo hierático de cara, eso sí, con sonrisa y alzado de cejas tipo José Luis Moreno, pero con auténticas armas de adhesión masiva de cuello para abajo. En cambio, en la coreografía final de Robbins desplegó más matices como intérprete: divertido, tierno y suave al tiempo que efectivo.

Pero no es su exhibición individual lo mejor de esta velada. Con un programa que, aparte del añadido de un par de pasos a dos de Balanchine y el mencionado de Petipa, es el mismo que en Peralada, la compañía lucía muy otro aire. La aportación coreográfica de Corella no es más que un taller ordenado y correcto para lucir a los bailarines; pero, señoras y señores, lo cierto es que ahora hay bailarines que lucir. Se percibe ilusión. Hay entrega. Se los siente dinámicos y sensibles. Se respira goce, alegría. La compañía es ya una promesa. Parece que Corella sienta que, con casi todo ganado como intérprete, ahora lo tiene todo por ganar como director artístico. Como contaminado de la presencia de Guardiola en la fila seis de platea.

Joseph Gatti, por ejemplo, es una maravilla. Ya pueden blindarle contrato como si fuera Messi. Presenta un cuerpo delgado y desmadejado como el de Fred Astaire, pero es divertido, es ligero, es rápido, fluido, limpio y enormemente expresivo. Repertorio aparte, si se baila así, el proyecto funciona y funcionará.


Joaquim Noguero
La Vanguardia 22/01/2010