recerques
LA FELICITAT
Teatre Romea
Director d'escena: Javier Daulte
Amb Anna Maria Barbany, Clara Segura, Francesc Luchetti, Jordi Rico, Joan Negrié, Pere Molina, Sandra Monclús
Buen engaño, pero largo

La felicidad, como el dinero, se gasta, desaparece y, desde luego, es muy difícil de fabricar. Y, sin embargo, eso intenta la familia de Rosa

(Clara Segura), una mujer de imaginación desbordante y de gran autoridad. Tanta como para someter a su madre (Anna Maria Barbany) y a su padre (Francesc Lucchetti) a sus juegos de seducción para conquistar a Roger Villanueva (Jordi Rico). Este es el arranque de la nueva obra del argentino más cotizado en Catalunya, Javier Daulte. Un autor y director que concibe el teatro como entretenimiento inteligente y cuyo ingenio en la escritura sólo es comparable a su capacidad de juego con las estructuras dramáticas. Sin sorpresa no hay teatro. La felicitat, como Ets aquí?, Bésame mucho o 4doptic, anteriores producciones escritas y dirigidas por Daulte en nuestro país, no podía ser menos. Y como en aquéllas es difícil adentrarse en su análisis sin desvelar los misterios que guarda.

Además de todo lo dicho, Daulte es una persona a la que le gusta el juego como a un niño. No sabe parar y trabaja a menudo sobre la marcha escribiendo las escenas según ensaya. Un proceso muy vivo y vital para los intérpretes, pero que lógicamente tiene que tener un final. La felicitat es un juego de teatro dentro del teatro, un juego de simulaciones en el que no hay más reflexión que un final que dejará a más de uno extrañado y que no levantará pasiones y que, sin embargo, prueba la genialidad del autor. Claro que para llegar hasta ese punto con la peculiar familia, a la que sirve un divertido humanoide (Joan Negrié), hay que recorrer un laberinto de engaños y apariencias que no tienen siempre una explicación evidente. La felicitat tiene mucho humor, humor negro incluso, y reafirma, una vez más, la mirada cinematográfica del autor. No porque intente hace cine, sino porque se alimenta de cine. En el tramo central de la obra, Daulte crea una ficción donde hay un punto dramático y sólo un personaje que lo vive como real. En ese juego se basa gran parte de los equívocos y gags humorísticos. Pero establecida la trama, el desarrollo de la comedia se alarga sin aportar más que alguna situación hilarante. La risa está garantizada, aunque el espectador puede sentirse algo cansado, pues ya lo sabe todo. O casi. Porque el final no está escrito en la comedia que se representa. No sé si Daulte seguirá trabajando con esta obra, pero sí puedo asegurar que la dirección de actores es luminosa y que distinguir a uno u otra sobre el resto sería injusto. No me resisto a resaltar el trabajo de Clara Segura dentro de un conjunto perfecto que se deja la piel en el escenario.

En suma, La felicitat les dará unos cuantos momento de eso, de felicidad, pero no toda la que querrían. Pero ya están acostumbrados, ¿no?


Santiago Fondevila
La Vanguardia 28/06/2006
La vida, como serial

En uno de los diálogos de «La felicitat», Rosa la protagonista (Clara Segura) transmite a su padre el fruto de sus cavilaciones: «Lo que es fácil no perdura, sólo lo que es imposible es eterno». Los seriales televisivos pueden alargarse eternamente porque giran en torno a algo que nunca acabamos de poseer, un imposible, eso que llamamos felicidad. Como otras obras del argentino Javier Daulte, La felicidad nació con un pre-texto que se acabaría verificando a medida que avanzan los ensayos y se acerca la fecha del estreno. Para conseguir «su» felicidad, Rosa secuestra al hombre que ama, Roger (Jordi Rico), lo deja inconsciente y, junto con su familia y un androide que habla sin la letra P, compone una ficción heroica de ciudades invadidas, guerra química y estrategias para vencer al enemigo.

Se levanta el telón con oscuridad, gritos de terror, voces en off y una pantalla cinematográfica con créditos de letra gótica. Daulte trabaja con los materiales culturales de su generación: los folletines radiofónicos y las series de acción. Cuando comienza la obra, todo parece espantosamente cotidiano, hasta que los elementos inverosímiles comienzan a provocar la perplejidad del espectador. En La felicidad, los diálogos del culebrón que engancha la familia al televisor, se van confundiendo con la realidad, hasta desembocar en esa situación ficticia que envolverá al aturdido Jordi Rico, el hombre al que Sara sumerge violentamente en esa trama de serial que con su padre (Francesc Luchetti) y su madre (Ana María Barbany) ha ensayado minuciosamente, aplicando el autoritarismo de la dirección teatral. Teatro dentro del teatro, ejemplo del teatro del mundo, de inyectar dosis de heroísmo a la mediocridad cotidiana, «La felicidad» es un montaje complejo, al que los actores han correspondido con total entrega: desde la sabiduría veterana de Luchetti y Barbany, a la perfecta encarnación del amante inocente por Jordi Rico y del androide Christopher que interpreta Joan Negrié, todo un reto de vocalización. En el centro, una Clara Segura que reedita complicidades con Daulte, como ya lo demostró en «Ets aquí?». Una actriz capaz de encarnar la crueldad y la comicidad o de entregarse a sorprendentes danzas que confirman la voluntad daultiana de romper la racionalidad aparente.

Entre las objeciones, una segunda parte excesivamente prolija que hace perder ritmo y efectividad a la original propuesta escénica del autor y director argentino. Con un cuarto de hora menos, nuestra felicidad habría sido completa.


Sergi Doria
Abc 28/06/2006