recerques
CONTE D'HIVERN
Amfiteatre Grec de Montjuïc
Director d'escena: Ferran Madico
Amb Pere Arquillué, Francesc Lucchetti, Cristina Plazas, Pedro Casablanc, Oscar Rabadan, Rosa Renom, Juli Mira, Aida Folch, Albert Ausellé, Rut Enguita, Oriol Grau, Pol Vergés
Un trist 'Conte d'hivern'

El temps és saviesa. Shakespeare, poc amic de convertir conceptes abstractes en personatges, va decidir que a Conte d'hivern el temps havia de prendre la paraula i situar l'espectador en el moment adequat per comprendre la resolució de la seva obra. El pas dels anys permet a una acabada de néixer créixer i convertir-se en adolescent casadora, però també ajuda a fer que un rei solitari, boig de gelosia en el passat, aconsegueixi conviure amb la contrició dels seus pecats.

L'administració escènica d'aquesta saviesa -intensa en un Shakespeare crepuscular- no és a la posada en escena del Conte d'hivern dirigit per Ferran Madico. Un muntatge estrany, atropellat, bipolar, esfilagarsat, que passa de grans moments -concentrats sobretot en les intervencions de Pere Arquillué i Cristina Plazas- a uns altres de mediocres, sense l'aura de conte melancòlic que impregna gran part del text.

La imatge inicial (esbós de vestíbul de gran hotel amb tocs art déco, repartiment elegantment vestit) és per creure que Madico tornarà a conjurar la gràcia de la seva excel·lent adaptació de Treballs d'amor perdut. Però el temps, savi però també inclement, rebaixarà les expectatives creades. La primera part encara alimentarà les esperances del públic amb la treballada caiguda en l'infern dels gelós d'Arquillué-Leontes i la intensitat del parlament central de Plazas-Hermione, la reina acusada falsament d'adulteri.

Enmig d'aquestes brillantors avancen les ombres d'una creixent dispersió en la direcció d'actors i en la relació d'aquests amb l'espai escènic. I en això arriba el nen tan temut per Hitchcock i confirma la seva sentència. Breu és el doble rol del príncep Mamil·lus/Temps, però a càrrec seu hi ha algunes de les frases més significatives de l'obra. Significat aquest cop inintel·ligible per a l'audiència.

La segona part només aporta una oberta decepció pel trist curs que agafa el muntatge. El madrigal de palau imaginat per Shakespeare és abandonat al caos en una sèrie de seqüències impregnades de malenteses "actualitzacions", un patchwork marcat per nous errors de repartiment, encapçalat per la Perdita d'Aida Folch, actriu que aquí desconeix la noció de matís quan es mou o recita.

S'acosta l'últim acte i el fred ambiental s'ha instal·lat al Teatre Grec. La delicadesa del relat és un vague record. Torna a sortir el nen -temps etern, príncep mort- per recordar la tristesa d'un conte d'hivern. Insuficient per escalfar la cortesia dels aplaudiments.


Juan Carlos Olivares
Avui 09/07/2007
Demasiado invernal

No sabemos hasta qué punto «el invierno merece una historia triste», pero este Conte d'hivern es un triste espectáculo para un festival de verano. A pesar de algunos brillos en la primera parte -los más, correspondientes al vestuario de las damas-, de la frescura y la vitalidad de la segunda (actos cuarto y quinto) atribuible en partes iguales al texto y a la feliz actuación de Juli Mira y Oriol Grau; el cuento no acaba de producir la fascinación necesaria para que, las más de dos horas de espectáculo, no se dilaten demasiado.Dentro de la producción shakesperiana, The Winter's Tale (1611, aprox.) es una obra extraña: una especie de fabulación inverosímil en la que un Shakespeare ya maduro recurre a fórmulas muy probadas para relatar una historia cercana al cuento moral. El gran autor de tragedias y dramas históricos parece escribir ahora por el puro placer del relato sin que sus personajes respondan a lógica interna alguna, haciendo añicos las unidades dramáticas y convirtiendo el texto en un compendio de drama, tragedia y comedia que supera los géneros tradicionales pero que conserva la gracia propia del autor en todas sus réplicas.Queda también ese monumento al uso del lenguaje que es cualquier pieza del autor británico, aquí traducida justamente al catalán por el experto Salvador Oliva. Aunque, ante el escaso mimo con que se dice el texto, nos preguntamos si vale la pena hacer uso del catalán. El teatro ha sido y debería seguir siendo la gran escuela del bien decir. Si debe abandonar una de sus principales funciones, en plena era de la imagen, sería preferible abandonar el texto y recurrir a fórmulas puramente visuales. Está claro, por otra parte, que las dificultades de sonorización del espacio del Grec tampoco ayudan a la óptima recepción del texto.Ferran Madico ha asumido de nuevo el reto de estrenar un Shakespeare en el Grec y demuestra, por otra parte, su habilidad en elaborar escenas de conjunto que dramáticamente funcionan bien. La fábula del cuento está fuera de los mapas reales y también, por supuesto, fuera del tiempo, y Madico nos la sitúa en un espacio/tiempo tan concreto como irreal. Juega con un sobrio esbozo de tablero de ajedrez en el suelo -la escenografía es obra de Montse Garre- y va aproximándonos a los personajes forzando vestuarios imposibles -de la mano de Mercè Paloma- pero que refuerzan la idea de cuento.La pieza tiene dos partes perfectamente diferenciadas: del primer al tercer acto, el autor nos ofrece una auténtica tragedia con los celos como protagonistas. El cuarto y quinto acto son el desarrollo y culminación de la tragedia trocada en comedia gracias a la aparición de unos personajes complementarios: el pastor y su hijo y el quincallero Autòlicus. Ferran Madico ha querido arriesgar dando un papel relevante al niño que interpreta el personaje de Mamilius, convertido en Cronos en la transición a la segunda parte; el resultado es de dudosa eficacia dramática.Como también lo es el no haber respetado la tradición teatral de que los personajes de Hermione y Perdita, madre (primera parte) e hija (segunda parte, 16 años después) respectivamente, sean interpretados por la misma actriz.

Iolanda G, Madariaga
El Mundo 06/07/2007
Un Shakespeare híbrido y descoyuntado

Hasta esta noche está en el anfiteatro de Montjuïc uno de los platos fuertes del Grec. Así, al menos, lo establecían todas las previsiones ante un Conte d´hivern-en traducción de Salvador Oliva- dirigido por Ferran Madico, coproducido por el Centre d´Arts Escèniques de Reus (CAER) y el Festival de Barcelona y con una compañía dotada con importantes nombres propios. Obra compleja, claroscura, escrita en 1610 por un Shakespeare crepuscular, poco antes de La tempestad, la última creación del genio de Stratford.

Conte d´hivern tenía que ser, en efecto, uno de los productos estrella del Grec 2007 y, sin embargo, circulan por él demasiadas nubes para que pueda apreciarse algún brillo estelar. Una escenografía híbrida, ni señorial ni palaciega, como un salón de descanso de un centro de convenciones, acoge a Leontes (Pere Arquillué), el rey de Sicilia, y a su corte, ataviada con postineras galas contemporáneas, dentro de una estética claramente afín a la que suele adoptar la prestigiosa compañia Cheek by Jawl. Los tres primeros actos transcurren en este espacio neutro sin la puntuación requerida, con un ostensible descuido del tiempo narrativo.

La escena última del acto tercero, con la llegada a su destino de la recién nacida repudiada por su padre, Leontes - quien cree que es fruto de la relación adúltera entre su esposa, Hermione (Cristina Plazas), y Polixenes (Oscar Rabadan), rey de Bohemia-, transcurre ya en las playas de ese reino y se advierte la difícil integración del espacio plebeyo y el espacio cortesano que a partir de este momento sufrirá la puesta en escena. Madico intenta subsanar esta ruptura con el incierto recurso de poner en marcha un ventilador que lanzará grandes manojos de lana volátil sobre el mobiliario de los actos primeros.

De todos modos, dentro de la convención teatral, importa poco la mayor o menor eficacia de esa vistosa solución. Lo importante es la poca entidad de las escenas pastoriles del acto cuarto, en el que, contrastando con la hibridez anterior, se impone un viva la Pepa decepcionante, un pequeño desbarajuste con flashes, digamos, de cierta amenidad.

El quinto acto, donde la boda de Perdita (Aida Folch), la hija de Leontes, con Florisel (Albert Ausellé), el hijo de Polixenes, liquida los equívocos y restaura la paz entre los monarcas de Sicilia y Bohemia, concluye sin garra, como si el cansancio se hubiera adueñado de todos. Al cabo, uno conserva de Conte d´hivern la imagen de un espectáculo descoyuntado, donde cada cual hace lo que puede, y que a ratos entretiene y a ratos- demasiados- aburre sin remedio.

Dispuesto a recaudar legítimas influencias, es una pena que Ferran Madico no se haya dejado contagiar por aquel The winter´s tale que Edward Hall presentó el año pasado en el festival Temporada Alta de Girona, ni por el montaje esplendoroso de la misma obra que la Royal Shakespeare presentó en el Barbican londinense y del que sin duda existen los debidos registros en DVD. Digo que cada cual hace lo que puede, y lo cierto es que algunas actuaciones son muy estimables y evitan que, en sus encrucijadas más átonas y faltas de imaginación, la empresa naufrague del todo.

No es el mejor de su carrera, pero Arquillué realiza, sin duda, un buen trabajo. El desespero de su personaje, torturado por los celos, aporta seguramente la única dosis de emoción a una historia que otras veces hemos visto preñada de tal ingrediente y de una atmósfera poética, aquí de todo punto inexistente.

Tienen asimismo una buena actuación Oscar Rabadan, Cisco Lucchetti - como Camil, el buen servidor del rey Leontes- y, en especial, Rosa Renom, la fiel Paulina, que tonifica la representación con momentos brillantes. Muy seguro, dicharachero y a su aire, Pedro Casablanc - actor que interpretaba aquel memorable Copito de Nieve de Juan Mayorga que se vio en la sala La Paloma-, con una dicción catalana muy buena para un currículum en el que hasta ahora no había obras en este idioma.


Joan-Anton Benach
La Vanguardia 07/07/2007
Gèlida professionalitat

Conte d'hivern , una de les darreres obres de Shakespeare, és un passeig per una barreja de gèneres: tragèdia, comèdia, drama líric. Experimentació per al clàssic que va conrear en aquesta peça la novetat del romanç. Un text amb motius de referència d'altres obres seves, com ara la gelosia plasmada a Otel·lo i la tirania d' El Rei Lear. Ferran Madico ha optat per un espai buit només guarnit amb un enorme ram de flors sobre una taula, un terra de fusta que té la forma estratègica d'un tauler d'escacs i unes butaques i uns llums de peu molt similars a les de l'espai de recepció d'un hotel. L'espai natural del Teatre Grec només juga a favor d'una il·luminació exquisida que signa Albert Faura i que es converteix en l'element més ric i variat de la posada en escena.

El director ha bastit l'espectacle en dues parts molt diferenciades. En la primera mana la tragèdia, el drama del rei Leontes que es deixa arrossegar per la fantasia de la gelosia fins al punt d'empresonar i jutjar la reina i posar en dubte el seu honor. La sobirana dóna a llum a la presó a una nena, Perdita, que malgrat la tirànica decisió del pare de fer-la executar sobreviurà a la terra del suposat amant, el rei Políxenes. La segona part és la de la redempció, la història de Perdita que ha crescut com a pastora però acabarà sent princesa, la història de la reconciliació i el perdó. Segon bloc que s'inicia amb la millor escena, la del personatge del Temps on Shakespeare dóna un cop més una lliçó de paraula. Interpretat pel nen Pol Vergés va aixecar els aplaudiments de la platea.

A mesura que avança la comèdia amable en què el director ha convertit la part final de l'espectacle, l'interès es perd i els intents d'enganxar l'espectador amb el recurs de traslladar certs elements i situacions de l'obra original a l'actualitat fracassen, i en resulta un grinyol que desemboca en el tedi, especialment amb l'aparició del top manta i el hip-hop amb lletra de cançó cortesana.

El conjunt dels intèrprets fa una actuació professionalment correcta que, en l'estrena a l'espai del Teatre Grec, potser a causa d'una temperatura allunyada de les passions de les nits d'estiu, va acabar convertint-se en gèlida. El ventall d'emocions que el director pretenia mostrar té com a resultat una simple funció d'ofici de fons i poca petja personal en la forma.


Teresa Ferré
El Punt 06/07/2007
Shakespeare és Shakespeare

Torna Shakespeare al Grec de Montjuïc, cosa que garanteix un text brillant, dels que sempre s'agraeix escoltar. En aquest cas es tracta de Conte d'hivern, en la traducció de Salvador Oliva i dirigit per Ferran Madico, que al Grec-99 va abordar en aquest escenari Molt soroll per no res. Ara s'enfronta a una de les peces més riques de l'autor. Harold Bloom, l'últim gran estudiós de Shakespeare, assegura que estem davant un vast poema pastoral i també davant una novel.la psicològica.

¿Són bons els resultats d'aquest muntatge? En la resposta és inevitable, per més desaconsellable que sigui, tenir al cap l'extraordinari espectacle ofert amb aquesta obra, fa un parell d'anys a Temporada Alta (Girona), a càrrec de la companyia anglesa d'Edgard Hall, en què tots els personatges eren interpretats per homes. Madico se'n surt prou bé del repte, que segur que millorarà quan es representi en teatres tancats i, a més a més, els actors agafin més confiança. L'amfiteatre de Montjuïc no va mai bé a obres com aquesta, en què la paraula i la interpretació són l'element principal. Així i tot Madico, que aposta per l'austeritat i l'economia de moviments, ofereix una representació excessivament plana i l'emoció apareix massa poques vegades.

Gelosia sexual
Shakespeare parla en aquest Conte d'hivern de diversos temes, sempre relacionats amb la condició humana. Parla de la bogeria de la gelosia sexual, centrada en el rei Leontes (Pere Arquillué), també de la capacitat de l'individu per fer el mal, un camí cap a l'autodestrucció. Però també parla en termes polítics, al separar i afrontar situacions que s'han de resoldre des de la responsabilitat del polític i des de la de l'individu del carrer. I finalment a l'escenari hi ha la seva sàvia reflexió sobre la regeneració i la reconciliació. El complex argument obre vies a la reflexió. Shakespeare deixa clar que el teatre és ficció i per aquesta porta entren diverses lectures del text original. Madico prima la paraula al joc escènic, a la festa, que impulsava Edgard Hall a Girona. No em sembla que l'equilibri afavoreixi aquesta representació, que té algunes escenes ben resoltes, però altres que demanen un ritme que a Montjuïc no es va aconseguir.
La interpretació és un pèl desigual, amb bons treballs de Cristina Plazas, Cisco Lucchetti (excel.lent), Pepo Blasco, Oscar Rabadán i Arquillué. Shakespeare sempre és Shakespeare. I sentir-lo segueix sent un atractiu per a l'espectador.


Gonzalo Pérez de Olaguer
El Periódico 06/07/2007